Arcos naturales

Es imposible resumir en pocas líneas todo lo que concierne a tipos de arco, diseño, elaboración y materiales, pero voy a intentar aclarar algunas cosas.

Dejando de lado los materiales sintéticos, y las “bicicletas que tiran flechas” (un guiño a los arcos de poleas), no estoy seguro de que exista un tipo de arco que no haya sido ya concebido por alguna cultura en alguna época.

Al fin y al cabo, un arco no es más que un resorte primario.

Existen algunos principios básicos en el diseño y fabricación que determinan su potencia, eficiencia, confort y durabilidad. Normalmente interactúan entre sí, y algunos son incompatibles, por lo que siempre hay que hacer concesiones en uno u otro sentido.

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De arriba a abajo: Arco plano o “flatbow”, “American longbow” o “semiflatbow” y “English longbow”
Generalmente,Cuanto más largo es un arco:
Más duradero, más cómodo de abrir (palanca más larga) y más lento.Cuanto más ancho:
Más potente, más duradero y más pesadoCuanto más grueso:
Más potente, menos duradero y más pesado.

¿Cómo conseguir entonces un arco rápido, potente, ligero, duradero y cómodo?

Hay que saber que no hay valores absolutos, y que se deben combinar factores en función de las maderas empleadas, del uso y de las expectativas de rendimiento.

Habitualmente se dice que el tejo (Taxus baccata) da la mejor madera para arcos.

Pues sí y no. El tejo combina dentro del mismo árbol dos características: albura resistente a la tracción, y duramen resistente a la compresión. Si se usa sólo duramen, o sólo albura, el tejo es mediocre, como madera de arco. Si se usa un trozo de madera que tenga albura en el dorso (la parte exterior del arco) y duramen en el vientre (la parte que ve el arquero), se puede hacer un arco de respetable potencia con una anchura de palas reducida. Éste es el “secreto” de los arcos largos ingleses. Con menos madera, se consiguen más arcos. Algo interesante para un ejército que necesitaba muchos arcos. El inconveniente es que al ser las palas gruesas y estrechas, la compresión de la madera se concentra en una superficie menor, y el arco “sigue la cuerda”, es decir, que una vez desmontado, parece que sigue montado. Con la consiguiente pérdida de velocidad :es un arco “deflex”. También, el grosor de las palas hace que la masa a desplazar en la suelta sea mayor: otro factor de pérdida de velocidad. Finalmente, esa misma masa situada en los extremos del arco hace que retiemble y cocee en la suelta.

Como puede verse, no hay ventaja sin inconveniente.

Un arco plano, tiene la ventaja de ser más ligero y rápido, pero su inconveniente es que requiere más madera, es decir, que salga de un tronco, rama, estaca o tabla más ancha. Si tenemos un tronco de, pongamos por caso, 15 cm de diámetro, de tejo, podemos hacer cuatro arcos de estilo inglés, pero sólo dos “flatbows”.

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Corte de 4 longbows y 2 flatbows.
La línea de puntos de éstos indica la forma final de las palas si se las “descorona”,
que es recomendable si el dorso presenta mucha curvatura.
La madera no es tejo, sino Robinia pseudoacacia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ventaja indudable del “flatbow” es que puede hacerse a partir de casi cualquier madera, a condición de dar a sus palas la anchura adecuada. 5 cm entre la empuñadura y, al menos, la mitad de la longitud de la pala es suficiente.

La empuñadura puede ser rígida, estrecha y gruesa, o flexible, ancha y fina.

El primer caso es más recomendable, por razones de comodidad y facilidad de suelta, pero el inconveniente es que reduce la longitud efectiva de las palas, con lo que éstas sufren más tensión. Una empuñadura ancha no tiene este inconveniente, pero será más incómoda en la mano al soltar la flecha (temblores y coceos), y su mayor anchura exige una selección más cuidadosa de las flechas en función de la rigidez (“Spine”) del vástago, para poder superar correctamente el fenómeno de la “paradoja del arquero” (La flecha debe “esquivar” la anchura de la empuñadura del arco para dirigirse a la diana).

También se puede tallar una “ventana de arco”, como en los recurvados modernos, pero eso debilitaría el arco, salvo que se deje una parte central de talla considerable, pero estéticamente deja mucho que desear en un arco natural.

Otro elemento importante es, en el dorso del arco, seguir longitudinalmente una sola veta, y no cortar a través de ellas. Si lo hiciéramos, el arco se rajaría en el paso de una veta a la inmediatamente inferior. Hay excepciones a esta regla, si se hace el arco con un listón de corte radial, pero esto es complicado de explicar ahora.

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Diversas posibilidades de sacar un flatbow de un tronco, visto en sección.
La primera y la tercera son la misma en realidad, pero a la tercera se la ha “descoronado”.
La posibilidad del medio sería un corte “radial”

 

 

 

 

 

 

 

También hay maderas que tienen la veta apretada, y son menos proclives a separarse (el Hickory, por ejemplo).
En el vientre del arco (es decir, la parte que ve el arquero cuando lo tensa), no importa cortar a través de las fibras, y de hecho, es obligado hacerlo, pues el grosor de las palas disminuye desde la empuñadura hacia los extremos. De todas formas, es la zona de compresión del arco, así que las vetas no se separan, sino que al contrario, se aprietan unas contra otras.

En cualquier caso, cuanto más largo sea el arco, menos riesgo de fractura hay por el tema de las vetas.
Si por accidente o despiste cortamos a través de las vetas del dorso, puede reforzarse éste con diversos materiales. Tradicionalmente pegando una tira de pergamino, y, en otros casos, fibras de lino, cáñamo o tendón deshilachado. En el caso del tendón, al contraerse una vez seco, añadirá tensión, rapidez y potencia al arco.

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Longbow reforzado con una tira de pergamino

Si el arco tiene menos potencia que la deseada, pueden cortarse un par de centímetros por sus extremos (habrá que tallar nuevas ranuras para atar la cuerda). O cortar más, pero con prudencia, porque la tensión tendrá ahora menos longitud de pala por la que repartirse.
Otra opción es calentar, cocer o vaporizar los extremos del arco y recurvarlos hacia el exterior, de forma parecida a los arcos modernos de tiro deportivo. Ganará rapidez, pero no potencia.

Por regla general, un arco de madera se elabora descortezando un tronco o rama, y usando esa veta como dorso. Con algunas especies vegetales es necesario eliminar también la albura. En cualquier caso, una vez despejada una sola veta del dorso, el resto del arco se talla quitando madera del vientre y de los lados. El dorso ni se toca.
A título orientativo, es interesante mencionar que doblando la anchura de las palas, la potencia se dobla, pero doblando el grosor, se multiplica por ocho. Téngase en cuenta a la hora de quitar madera de una parte o de otra…
Al principio, se puede usar herramienta de corte: hacha, cepillo, bastrén, etc. Más adelante, conviene usar más utillaje de desgaste como escofinas y limas, pasando una cuchilla para alisar las marcas de estas herramientas. Al final del proceso, más vale usar casi exclusivamente una cuchilla y rascar, más que cortar.

El arco se va doblando progresivamente, a medida que se va eliminando madera . Hay que vigilar que ambas palas flexionen por igual, formando un arco de círculo levemente achatado en la empuñadura y en los extremos. Nunca hay que pasar de la potencia final deseada. Si se llega a ésta con pocas pulgadas de apertura, debe pararse y seguir quitando madera, probar de nuevo y ver si abre una o dos pulgadas más, y así sucesivamente. Yo uso un dinamómetro, pero puede hacerse de forma intuitiva si no se es muy exigente con la potencia final.
Tradicionalmente, su usa un “tillering stick” para el equilibrado o “tiller” de las palas, pero yo vengo usando una pared lisa, un soporte donde coloco horizontalmente el arco a la altura de los ojos, y una polea a la altura de mis rodillas, más o menos. Coloco el arco en su soporte, y ato una cuerda a la del arco. La paso por la polea, y me alejo unos pasos mientras tiro de la cuerda. Así puedo ver a cierta distancia si ambas palas flexionan como es debido.

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A la izquierda, el tradicional “tillering stick”, o palo de equilibrar. Las muescas que tiene hechas a lo largo sirven para anclar la cuerda y están a una pulgada unas de otras.
A la derecha, el sistema de polea, aunque ésta casi no se ve en la parte de abajo de la foto. No se ve bien tampoco, pero tengo hechas unas marcas en la pared a cada pulgada, para ver la progresión de la apertura del arco. Obsérvese el dinamómetro colgado de la cuerda del arco, que permite controlar la potencia además de la curva de las palas. Por cierto, la de la derecha parece necesitar un afinado: dobla menos que la otra…

Se dice en el oficio, que para equilibrar las palas no hay más que “quitar madera donde no doble lo suficiente, y no tocar donde doble demasiado”. En realidad, la cosa es más complicada de lo que suena, y a menudo es en el equilibrado donde un arco se la juega. Al final, la viruta que se elimina es del grosor de un papel de fumar.
No debe olvidarse que el lijado final también rebajará la potencia del arco unas pocas libras. Y otras pocas que perderá tras los primeros tiros.
De todas formas, los primeros arcos SIEMPRE acaban siendo la mitad de potentes de lo que habíamos proyectado.
Esta regla no falla.

Los acabados pueden ser diversos: desde la cera al barniz sintético (¡puaf!), pasando por varios aceites e impregnaciones. El caso es que los agentes atmosféricos le afecten lo menos posible, aunque no hay acabado totalmente impermeable.
Por supuesto, no hay que dejar un arco montado al sol directo, ni dentro de un automóvil cerrado, porque la deformación está asegurada.

Tampoco hay que tensar el arco más allá de la apertura para la que fue construído, pues, o bien se rompe, o se fatigará la madera con la consecuente pérdida de potencia y velocidad. Por eso, y contrariamente a los arcos laminados de materiales sintéticos, un arco natural se usa con sus flechas, o con otras más cortas, pero nunca se prestará alegremente a otro arquero que pueda tener una apertura mayor que la nuestra. Si lo quiere usar, que sea con nuestras flechas.

Con algo de cuidado, un arco natural puede durar mucho, y darnos muchas satisfacciones.
Más aún si el arquero lo construyó personalmente.

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